El mal estado de las rutas en distintos puntos del país se ha convertido en un tema de conversación habitual entre quienes han aprovechado el mes de enero para veranear. Inclusive, muy cerca de Tucumán hay sectores calamitosos que ponen en riesgo la vida de quienes transitan por allí.

El deterioro de los caminos, especialmente de los nacionales (dependen de Vialidad Nacional) es notable. En todas las rutas -incluso en algunos emblemáticos, como la 40-, el desgaste y la falta de mantenimiento son palpables. Pero hay sectores que son más complicados que otros.

Esta situación no es nueva, pero se ha acentuado en los últimos años. La falta de inversiones a gran escala (como las que se necesitan para construir autopistas) y escasa renovación de la infraestructura (repavimentaciones de tramos deteriorados, por ejemplo) han sido la norma de los años de principios de siglo. Durante el gobierno de Mauricio Macri hubo un impulso por mejorar la situación, pero en muchos casos no pasó de simples bacheos. A pesar de sus insalvables diferencias ideológicas y conceptuales, las últimas dos presidencias, la de Alberto Fernández y la de Javier Milei, coincidieron en algo: su escaso interés por los caminos y su mantenimiento.

En un país tan extenso como el nuestro es casi imposible enumerar todos los puntos en los que hay problemas, pero sí podemos poner el foco en tramos que son habitualmente recorridos por los tucumanos.

Uno de los más deteriorados es el trecho de las ruta 9/34 que comunica Rosario de la Frontera con Metán, en Salta. Se trata de 30 kilómetros de camino con un entorno periurbano en el que conviven las fincas, los barrios y los emprendimientos comerciales de distintas escalas. Hasta hace unos pocos años, ir de una ciudad a la otra tomaba 20 minutos, como mucho, en un horario de tránsito intenso.

Desde hace un tiempo, el desgaste se ha vuelto tan marcado que desandar esos 30 kilómetros puede demandar una hora o más. Es que hay tramos en los que no se pueden superar los 30 o los 40 km/h si se quiere evitar la rotura de una cubierta.

Algo parecido sucede en la ruta 157. Si bien el estado general de este camino es bueno, entre Frías (Santiago del Estero) y Recreo (Catamarca) existe un recorrido de varios kilómetros en los que el pavimento prácticamente ha desaparecido; además está muy desmejorada en el sector de Monteagudo en Tucumán.

Quienes han veraneado en Brasil regresaron escandalizados por el estado de las rutas en la provincia de Chaco. Y los que fueron a la Quebrada de Humahuaca, en Jujuy, se sorprendieron con el deterioro de la panorámica ruta 9.

El Gobierno nacional ha anunciado que avanza en la privatización de la gestión, el mantenimiento y la explotación de más de 9.000 kilómetros de rutas nacionales. El objetivo es reemplazar el modelo estatal por las concesiones privadas. De todos modos, creemos que, hasta tanto esto ocurra, es necesario invertir en la preservación de los caminos. Por allí se traslada la producción argentina. Y, mucho más dramático que eso, hoy miles de personas ponen en riesgo sus vidas cuando salen a la ruta. No se puede ser indolente ante eso.